Buscar este blog

viernes, 15 de febrero de 2013

Andalucía 2012

Hola de nuevo!
 
En septiembre del 2012, aprovechando unos días que tenía libres y en vista de una inminente paternidad, que sin duda iba a comportar que mis días de moto (al menos, en la medida que ahora los conocía) iban a cambiar, planeé y llevé a cabo un viajecillo que hacía tiempo que tenía pensado hacer. El viaje en cuestión era cruzar la Península y bajar hasta Andalucía para ver a Goyo, un buen amigo y compañero de viaje en Túnez, cruzar a Portugal y de camino de vuelta, pasar por Valladolid para ver a otro compañero de viaje, Juanma. Finalmente la ruta se acortó, en parte por la meteorología, en parte por unos intensos dolores de espalda, pero fueron cinco días bien aprovechados viajando en moto.

La idea era ir por carreteras de segundo orden, evitando las vías rápidas, manteniendo cruceros modestos que permitiesen recrearme en el paisaje. De las diversas rutas que valoraba, me decidí por reseguir la costa hasta llegar a Valencia, para desde allí, ya por interior, llegar hasta Sevilla y desde allí, entrar en Portugal para volver a España por Extremadura, subir hasta Valladolid y regresar a casa por carreteras nacionales. Al final la ruta quedó de la siguiente manera..  En total casi 2500 Km, de los cuales, unos 300 fueron de ruta Off.


Como que la ruta era de varios días, decidí ir con algo más de equipaje por si acaso, ese motivo, además del baúl de 42 litros que llevo en la Freewind, muy practico en el día a día, equipé la bolsa de depósito. Llevar alforjas me pareció excesivo puesto que a última hora decidí no llevar la tienda de campaña. Y suerte que no la llevé, puesto que excepto los días que estuve en Sevilla, ya en casa de Goyo, la lluvia y el viento fueron constantes, y montar y desmontar la tienda en esas circunstancias, no era una idea muy halagüeña. Este iba ser también, el primer viaje de la Freewind. Estaba puesta a punto y era una moto que, a priori, se movía perfectamente en el entorno que tenia pensado viajar: carreteras secundarias, velocidades moderadas, con carga pero sin excesos y sin demasiadas complicaciones una vez pisase caminos. Y la verdad es que cumplió a la perfección.


El día de partida, para variar siempre que salgo de viaje, madrugué, acabé de instalar el equipaje en la moto y me puse en marcha dirección sur. A un ritmo sostenido de entre 100-110 Km/h y con unos consumos muy moderados (unos 350 Km por depósito) fui pasando primero por Tarragona, luego por Reus y llegando al limite de Castellón. Las carreteras cada vez pasaban a estar menos transitadas y alejadas de núcleos urbanos y, paralelamente, empezó a soplar un fuerte viento, que si bien, en ese momento era soportable, poco a poco fue subiendo de intensidad. Evitando entrar en Valencia ciudad, tomé dirección al interior, hacia Requena, para llegar a Albacete, que era el punto de destino aproximado que me había marcado para ese día. 

La Susi en pleno viaje.
 
El viento iba aumentado. Nótese al fondo como hay arena en el aire.

Llegado casi a la provincia de Albacete y después de comer una pseudo-fideuá (por llamarlo de alguna manera) en un pueblecito llamado Los Isidros, el viento pasó a ser casi una tormenta de arena. La moto, que a pesar de ser ligera, con todo cargado pasaba de los 180 Kg, se zarandeaba como una hoja en medio de la tempestad. Y las ráfagas de viento no fueron el único problema y al llegar a la ciudad de Albacete, el polvo y la arena en suspensión hacían que la visibilidad no alcanzase a más de 30 metros, con el peligro que ello conllevaba.  

Cada vez más arena en el ambiente.

De esta guisa iba yo!!!
Con todo y con eso, seguí avanzando, a un ritmo penoso, unos cuantos kilómetros más hasta llegar a Alcaraz, donde finalmente, y en vista que el viento no arreciaba, decidí parar y buscar alojamiento.  Hay que decir que los últimos kilómetros antes de llegar a Alcaraz fueron de lo más divertido. Carretera en buen estado, buenas curvas de las que permiten bastante juego y un paisaje con más vegetación de la que podríamos esperar en esa zona, lástima del viento.  Alcaraz es un bonito pueblo, a medio camino de Albacete y la provincia de Jaén, que cuenta con un casco antiguo muy destacable, lleno de pequeños rincones que fotografiar y admirar. El alojamiento rural donde me hospedé estaba prácticamente vacío por lo que dormí en una generosa cama de matrimonio toda para mi.

Panorámica de la Sierra de Alcaraz.
Plaza Mayor de Alcaraz e Iglesia de la Santísima Trinidad.
Pórtico de la Iglesia de la Santísima Trinidad.

Pórtico del Ayuntamiento de Alcaraz.
  
La Freewind pedía más guerra!!
La mañana siguiente volví a la ruta, y entré por fin en Andalucía. Había dos paradas que me hacían especial ilusión, una de ellas era ver Córdoba y la otra Sevilla. El camino, ahora ya sin viento y con un cielo radiante y despejado continuó por vías sin apenas tráfico, por lo que los kilómetros se devoraban de forma rápida. Poco antes del mediodía llegué a Córdoba y me dispuse a hacer un poco el turista. Y la verdad es que es algo que merece la pena, no en vano su casco histórico es patrimonio de la Humanidad desde el año 1994. Apenas pude estar 3 horas en esta bonita ciudad, pero las intenté aprovechar al máximo. El Alcázar, sus callejuelas adornadas con flores, los hermosos patios de las casas y, por encima de todo, su impresionante mezquita-catedral, bien merecen unas horas de nuestro tiempo. Si además acompañamos esto con alguna que otra tapita más caña, será la cuadratura del circulo. Con algo de pena, pues bien me hubiese quedado más rato admirando la mezquita, me puse de nuevo en marcha. 

Entrando en la provincia de Jaen.

Lateral de la Mezquita de Córdoba.
Al fondo el Alcazar de los Reyes Católicos.

Puente romano sobre el río Guadalquivir.

El antiguo minarete de la Mezquita visto desde el interior de la misma.

Detalle de las vigas originales de la Mezquita.
La puerta de entrada al recinto de la Mezquita.
Un precioso patio andaluz.
A punto de cruzar el Puente de la Cartuja, en Sevilla.
Por la tarde llegué a Sevilla, pero no la visité puesto que esto quedó para la siguiente jornada. En su lugar, me encaminé hasta el límite con Huelva, y es que mi amigo  y anfitrión en Andalucía, Goyo , estaba trabajando,  lo que alteró un poco el plan y esa noche no dormiría en su casa. Hay que decir que esos últimos kilómetros fueron muy divertidos.. de Aznalcóllar hasta Minas de Riotinto, me desvié por una carrretera que resulto ser peor que muchas pistas de montaña que había transitado, llena de baches, parches de alquitrán, muy estrecha, plagada de curvas.. ideal para una moto trail!!! Al final llegué a destino, y me reuní con mi Cicerón. 
La pseudo-carretera de Aznalcóllar a Minas de Riotinto...
Por la mañana, cuando Goyó salió del trabajo, fuimos corriendo a su casa para dejar el equipaje y coger su moto, con lo que realizamos un pequeño aperitivo off road por esa zona que limita entre Sevilla y Huelva. Anchas pistas que daban paso a una dehesa tras otra eran nuestro escenario. Apenas unos 60 Kilómetros en los que a ratos intercambiamos motos y probé su KLX 650, moto que estuve muy cerca que comprársela a él en su momento, y que me sorprendió gratamente. Después del paseíto, comer un poco y por la tarde, de turista por Sevilla y al igual que en Córdoba, la visita me encantó. La pena es que sólo fue una tarde y Sevilla bien merece algún día más. Imprescindible perderse en los alrededores de la Giralda, sus barrios más populares, como el Barrio de Santa Cruz o el de Triana y, como no, el Río Guadalquivir.  Sin duda, un día completísimo.
 
Las dos motos preparadas para pisar tierra.

La frontera entre Huelva y Sevilla.. un hervidero de caminos forestales.

Fauna autóctona en una de las muchas dehesas por las que pasamos.

Goyo vigilando que las vaquitas no se escapasen.
El barrio de la Catedral de Sevilla.
 
Réplica del Giraldillo, figura que corona la Giralda.

Medio de transporte alternativo.
Las callejuelas del Barrio de Santa Cruz.

El símbolo de Sevilla, La Giralda.
Puente de Triana. El barrio del mismo nombre, es el que se encuentra en la izquierda de la foto.
El siguiente día, y este era ya el tercero de viaje, preparamos las motos y nos pasamos toda la jornada por el campo, de nuevo, entrando y saliendo de la provincia de Huelva hacia Sevilla y viceversa. En esta jornada ya empezaron a asomar las nubes, y durante gran parte del día la lluvia nos acompañó, si bien, al ser ligera, no llegaba a ser una molestia. De nuevo cruzamos dehesas, pasamos por transitados caminos rurales que unen tierras de labranza y llegamos incluso a las ruinas de poblados Tartessos como en Tejada la Vieja. Para comer aquel día, nada mejor que las ya conocidas tapas... jejejej... lo bien que entran después de una “dura” jornada trailera!!! 

El Río Tinto.
La Susi bajo la lluvia con el Rio Tinto al fondo.

Las amplias pistas con ruinas de un Alcazar al fondo.

Viendo la foto, se aprecian las diferencias de concepto entre las dos motos.

A ratos, los caminos se estrechaban y había una vegetación más espesa.

Ruinas del poblado de Tejada la Vieja.
Pero todo tiene su final y tocaba iniciar la vuelta.. Desistí de seguir al día siguiente en dirección Portugal ya que la meteorología empeoró y bastante y, por otro lado, una vieja lesión en el hombro empezó a hacerme la puñeta. Fue tal la magnitud de las tormentas que también renuncié a desviarme hacia Valladolid para ver a Juanma y opté por la ruta más directa (y también la más pesada) y tiré por autovía hasta Madrid para desde allí, dirigirme a casa.. Estos mil y pico kilómetros tienen poca historia. Kilómetros y kilómetros de autovía en linea recta, acompañados de lluvia de forma casi ininterrumpida. Bien hubiese podido llegar de un tirón a casa pero el hombro me dolía horrores y los relajantes musculares hacía bastante que dejaron de hacer efecto, así que pocos kilómetros antes de llegar a Zaragoza, busqué un hotel de carretera y pasé la noche. Y gracias a que paré, porque la tormenta parecía viajar en mi dirección y aparte, esas horas de descanso me vinieron de perlas.

La mañana siguiente, ya sin prisas y algo más descansado, hice los últimos 300 Km que me faltaban para llegar a casa. Esa mañana parecía que el otoño hubiese llegado de golpe puesto que las temperaturas se habían desplomado y la lluvia, aunque de forma más esporádica que el día anterior, seguía cayendo intermitentemente. Por carreteras nacionales que, ahora si, me conocía bastante bien, fui haciendo camino y finalmente llegué a casa.

De regreso al hogar, aprovechando un claro en el cielo.
La moto demostró estar a la altura de las circunstancias. Con sol, lluvia o viento no desfalleció. Su capacidad de carga, demostró ser muy buena y su comportamiento, en todo tipo de terreno, demostró ser excelente. Punto aparte y digno de mención fueron los neumáticos, unos Heidenau K60, que se comportaron a las mil maravillas en todos lo terrenos, a excepción de las zonas con barro.. ahí mejor no meterlos que parecen tener alergia. Por lo demás, muy satisfecho de como fue el viaje y como respondió la maquina. Y es que viajar en moto y poder reencontrarse con viejos amigos siempre es una experiencia que llena el espíritu...

Saludos!!

No hay comentarios:

Publicar un comentario