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lunes, 13 de mayo de 2013

Probando motos.

Hola a todos!

Como ya os comenté en la entrada anterior, ando un tanto confuso con la idea de cambiar de montura. No es que no esté contento con la Freewind, al contrario, pero van saliendo pequeñas pegas que me hacen dudar de si mantenerla o no. Los principales puntos en contra que veo son, por un lado, la edad de la moto. Tiene ya 15 años y si bien se ha puesto al día, hay que andar con más mimo si cabe en lo que a mantenimiento se refiere si se quiere hacer rodar unos cuantos miles de kilómetros más.  

Por otro lado está la cuestión del tipo de moto que es. Es una trail pero su objetivo está más allá de las pistas de tierra y se fija en la carretera y la ciudad principalmente, donde por cierto va fenomenal gracias a su robusto motor y a su altura y peso contenidos. Lo que no se puede es pretender hacer con ella alguna de las cosas que he hecho. No la puedes meter en caminos rotos o excesivamente embarrados, o en vadeos, puesto que no es moto para ello. Si quiero ir con los amigos, o me busco alternativas asfálticas para rodear esos tramos algo más “selectivos”, o me tengo que dar la vuelta.

Por último, y esto es una cuestión un poco más subjetiva, está el tema económico, y es que para poner la moto a punto, he tenido que hacer un considerable esfuerzo monetario. De hecho, ya he gastado más dinero en ella que lo que me costó su adquisición. Vale que ahora, salvo el mantenimiento periódico, poco más se le ha de hacer, con lo cual, el coste se supone que se irá rebajando, pero el gasto ya hecho. 


La moto de la discordia, mi mimada Suzuki Freewind.
Estos son los motivos que me motivan a desprenderme de la Susi, pero ojo, también tiene sus puntos a favor de quedarse en el garaje. El principal es que es una moto muy cómoda, con buena capacidad de carga y muy agradable para el pasajero, parece hecha a mi medida. Bajita y ligera a pesar de ser una 650. Por su geometría y las medidas de sus ruedas es una moto que en carretera y en el día a día de una ciudad como Barcelona, va perfectamente y tiene una autonomía considerable. Y haciendo curvas o en rutas trail no muy accidentadas, es una delicia.

Por otro lado, tengo presente que durante una buena temporada, poco gasto se le ha de hacer, aceite hace menos de 1000 Km, ruedas nuevas, rodamientos, kit de transmisión, sistema de frenos y pastillas revisados o cambiados directamente, etc. Vamos, que a pesar de haber obligado a hacer un gasto importante, ahora se puede amortizar de sobra. Está claro que la Freewind, aún tiene muchas cosas por aportar, el tema es que quizás no de la manera que había previsto inicialmente.

Por todo esto,  me planteo la duda (razonable) sobre si cambiar de moto o no. Y es que veo varias alternativas:
 

  1. Vender la Freewind y comprar una única moto de características similares a la Suzuki, pero con más dotes off-road.
  2. Mantener de momento la Freewind y adquirir una segunda moto, una trail ligera, de 250 cc, orientada al off road, pero con posibilidades para el día a día llegado el caso, y día que la Freewind diga basta, buscar una sustituta más “ciudadana”. 
  3. Me quedo con la Suzuki y no compro nada hasta que se estropee del todo (en este caso, las salidas por tierra se habrán de reducir a cositas muuuy sencillas, que ni la moto ni los neumáticos pueden complicarse mucho la vida).

Por este motivo puse la Freewind en venta. Soy sincero, no espero que se venda, por lo menos, no a corto plazo, pero tampoco tengo prisa. Por lo pronto, estoy probando motos y en función de las sensaciones que me transmitan y del movimiento del mercado, así haré. 


Hasta el momento las motos que he podido probar son la Honda CRF 250L, la Kawasaki KLX 250 y la Yamaha XT 660 R. Las dos primeras son motos nuevas y serían la “2ª” moto que comentaba antes y la XT sería la opción en el caso de tener una sola moto. En este caso, es una moto de ocasión, de un amigo que la tiene muy bien equipada y mejorada para su uso en tierra. He descartado otros modelos nuevos como las Beta Alp 200 o la 4.0, KTM’s varias o la Yamaha WR 250 por ser modelos poco vistos (las Beta) o por muy caros (Yamaha o KTM).

La Kawasaki KLX 250 es una moto muy interesante como una segunda moto y, con algunos retoques que nos permitan obtener algunos CV’s extras, puede convertirse en la única. Un detalle a tener muy en cuenta es su suspensión, totalmente regulable tanto en la horquilla delantera como en su parte trasera. Los más endureros la encuentran muy blanda y poco fiable a la hora de ir “ligero” en trialeras o en zonas muy rotas y con saltos. A ver, el uso que yo quiero darle es bastante más tranquilo, quiero hacer trail, no enduro, y para eso, me parece más que suficiente. Otro tema es el de la potencia, y es que de serie, se indican 22 CV, pero la moto viene limitada en el régimen de revoluciones  que hace que no pase de las 7-8000 RPM . Esto se traduce en una respuesta muy floja del motor (ojo, nada que no se pueda solucionar con una pequeña intervención sobre la centralita). 

La KLX que me dejaron probar después de "entrar en materia".
Debo reconocer que en este punto, hice una pequeña trampa, puesto que la unidad que pude probar estaba “full-equip”: Deslimitada, con neumáticos de enduro en vez de los más mixtos que equipa de serie, sistema de colector y tubo de escape sustituidos por unos mucho más ligeros y que aumentan la ganancia en bajos, centralita de inyección Power Commander, nuevo filtro de aire, etc. En definitiva, un “pepinillo” en toda regla. Las sensaciones que me transmitió fueron francamente buenas. De acuerdo que no será una moto para hacer autopista de manera sostenida, pero en pistas, tracciona como una bestia, quizás no valga para hacer trialeras imposibles, ni para hacer saltos tipos motocross, pero para hacer caminos y pistas más o menos rotas, superar algún que otro sendero o trialera de dificultad moderada, es plenamente factible sin demasiado esfuerzo. 
Como veis, una pequeña moto que es también una gran viajera.
Es muy ligera y tiene un asiento estrecho, lo que ayuda  mucho a su control en esas zonas delicadas o a la hora de detenerse y tener que empujarla. Las suspensiones las encontré bastante más duras de lo que me comentaban, además, como ya he anotando anteriormente, son regulables tanto delante como atrás. Desde luego la sensación no era ni mucho menos la de hacer topes o algo similar. Otro punto positivo, este ya relativo a su diseño, es que el sillín que aunque alto, es amplio y permite que dos personas quepan sin demasiados agobios. También dispone de numerosos ganchos y puntos para poder fijar equipaje. Su cuadro de instrumentos también me pareció muy completo. Otro detalle “urbano”, es que los reposapiés tienen la opción de llevar un taco de goma protectora, para no estropear los zapatos si conducimos por ciudad, y con solo quitar este elemento, encontramos los típicos dientes metálicos, más aptos para botas off-road.
A pesar de derivar de una enduro, la KLX anda bien en asfalto.
Pero también encontré algún pequeño aspecto negativo, y es que la perfección no existe. El principal es el tema de la altura del asiento, rozando los 89 cm. Para una medida como la mía, (1.71 cm) en algún momento puede ser algo delicado. Lo bueno que tiene es que es estrecho y esto compensa algo. Por otro lado, el depósito de combustible que tiene, tampoco es ninguna maravilla, 7,7 litros, de acuerdo que tiene un consumo reducido, de entre 3.5 litros y 4. Esto en ciudad no es problemático, pero en montaña, teniendo en cuenta que hablamos de una trail, no de la enduro que llevamos en el carro hasta la zona que queremos hacer, y cuando acabamos, la subimos al carro y para casa, puede ser un tanto escaso. Además, en el mercado auxiliar no hay posibilidad de equipar un depósito de mayor capacidad. Otro aspecto que no me ha gustado es la cuestión de la limitación, y es que limitada es como llevar una 125!! Simplemente con la deslimitación, algo que es gratis y bastante sencillo de realizar, la moto gana mucho. Por último, está el tema pecuniario. 4800 euros y con precio de oferta. No se, para una 250 me parece excesivo. 

La otra 250 que he probado es la novísima Honda CRF 250L. Matizo, sólo he podido probarla “virtualmente”, esto es, la he trasteado en el concesionario, me he montado en ella, la he encendido y oído que tal sonaba, pero no he podido rodar con ella y me he tenido que remitir a los datos técnicos que el fabricante da y a las pruebas, más o menos interesadas, que algunas revistas y/o portales de internet hacen de ella.
Una moto básica, pero la CRF te "permite" ciertas licencias.

Las impresiones que me ha dado “in situ” son francamente buenas. Se ve más robusta y sufrida que la KLX. La calidad de los acabados es muy buena, como se espera de una Honda. Su cuadro de instrumentos es muy completo, no tanto como el de la Kawasaki (carece de cuentavueltas) pero da mucha información. La horquilla delantera invertida tiene un aspecto impresionante. De acuerdo que no tiene las regulaciones presentes en la CRF 250R o en X, pero ese dorado de las barras da un punto muy interesante y tienen un grosor considerable. Su asiento, pese a seguir siendo algo alto (87.5 cm), lo encontré muy cómodo y, al ser también muy estrecho, permite que llegue casi con la misma soltura al suelo que con la Freewind. 

A nivel de ergonomía, la encontré más a mí medida que la Kawasaki, faltaría comprobar como iría rodando de pie, donde en alguna moto he necesitado de alzas del manillar. Las estriberas tienen una anchura considerable  y apuntan a que en salidas largas no serán un suplicio para los pies. La pega es que no tienen esa pieza de goma que si tienen las Kawa que tanto se agradece cuando se conduce en ciudad con zapatos de calle, pero con las bota de cross, son perfectas.
 
Como la KLX, también va bien en asfalto.
Una vez enciendes el motor el sonido que encuentras (y esto es algo común con la Kawa) es mínimo, es una moto sin duda muy silenciosa, perfecta para no alterar en demasía el medio ambiente. Yo siempre he sido de los que gustan de no hacer mucho ruido, no me gusta llamar la atención y en estas motos, salvo por las formas o los colores que equipan, se puede pasar muy desapercibido. Su ronroneo es suave y sin altibajos, fruto de un sistema de inyección muy preciso.

A nivel de comportamiento, pues desgraciadamente no puedo hablar en primera persona, pero todas las comparativas y análisis coinciden en que es una moto muy noble, que aparentemente entrega la potencia de forma muy progresiva  y que no aparenta que tenga de fábrica ninguna limitación, a diferencia de la Kawasaki. También se habla de una autonomía muy buena pese a equipar, como la de color verde, un depósito de combustible de reducidas dimensiones.  También se dice que las suspensiones, pese a ser menos exquisitas que las de su rival japonesa, cumplen su función de forma notable.  Su precio es algo más asequible, sobre 4.500 €. Algo sorprendente siendo Honda.

Los puntos negativos que le encuentro, (si no tenemos en cuenta que solo me puedo fiar de mi intuición o de los análisis que antes comentaba), son que, al igual que la KLX,  su depósito es demasiado exiguo para lo que debería ser una trail, aunque, a diferencia de la Kawa, aquí si que hay mercado auxiliar y se fabrica un tanque de combustible de 10,5 litros. Otro punto que no me gusta mucho es el espacio para el pasajero, algo escaso.  Este no es un punto que me inquiete puesto que el uso que le daría sería básicamente en solitario, pero puestos a mejorar la moto... Por último destacaría un tema que me da un poco de miedo y es que es una moto acabada de salir al mercado (aquí, porque en Asia por ejemplo, ya lleva más rodaje)  y por lo tanto, sin referencias apenas acerca de fiabilidad, problemas habituales, etc., vamos, que sería como una cita a ciegas, igual sale bien, pero como se tuerza la cosa…

La tercera en discordia seria la XT660R. En este caso, se trata de una unidad del año 2010 con muy pocos kilómetros.  Como comentaba al principio, este modelo lo consideraba en el caso de tener una única moto en el garaje y es que guarda muchas similitudes con la Freewind, pero vayamos por partes.

El modelo que probé está equipado hasta los dientes, a saber: se ha sustituido el escape  y los colectores por uno tipo 2 en 1, que hace ganar altura libre al suelo y reducir considerablemente el peso de la moto, suspensiones mejoradas, paramanos reforzados, cubre cárter de gran calidad, parrilla porta equipajes con sus correspondientes soportes para maletas o alforjas, etc. Como veis, un modelo muy completo y con una cantidad de extras francamente interesante.

La primera impresión que transmite esta moto es robustez. Se ve una moto musculosa y dura. En gran medida esto es así por sus aletas laterales, que recubren el radiador y le dan ese aire como ir con los “hombros encorvados”.  El nuevo escape que monta, de aluminio brillante, da un punto de contraste muy interesante con el color negro del resto de la moto. Una inspección rápida de la moto, pone de evidencia que está en perfecto estado y que  se ha mimado  (y mejorado) muchísimo.

Llega el momento de subirme a la moto y encenderla para poder hacer una prueba en movimiento y llega el primer problema. La Yamaha es alta… más de lo que aparenta en un primer vistazo. La anchura de su asiento tampoco ayuda mucho, puesto que es muy cómodo pero obliga a llevar las piernas más abiertas de lo que esperaba y esto redunda en una mayor dificultad a la hora de apoyar el pie en el suelo. El hecho es que apenas llego de puntillas. El sillín me ha recordado mucho al de la Freewind, pero en la Suzuki está unos 5 cm más bajo.

Una vez encendido el motor, el rumor que emite, gracias al nuevo escape, es como el ronroneo de un gran gato. Es un sonido que engancha. No será tan discreto como el de las de 250 cc pero tampoco es atronador. Sin duda es un punto a favor.
 
La XT analizada junto a la Freewind.
El tablero de instrumentos, a diferencia de las otras motos probadas (o de la misma Freewind) aquí es minimalista, una pequeña pantalla multifunción da toda la información (menos las RPM, al igual que la Honda), pero hay que emplearse un poco para ver los dígitos. Tener una pantalla algo más grande no hubiese estado mal.

Nos ponemos en marcha y sale a relucir la mejor virtud de esta montura, su motor. Soltando embrague, parece un tractor, capaz de ir pasito a pasito por donde sea sin importar si sube una pared casi vertical o nos retiene en grandes bajadas con el firme suelto, pero a la que le damos un golpe de gas, el tractor se convierte en deportivo. Tiene un punto de mala leche muy interesante pero sin llegar a ser algo descontrolado. De hecho da los mismos caballos que mi Suzuki, solo que la entrega de potencia es diferente.  Los frenos también son palabras mayores. Contundentes, sin zonas muertas o esponjosidad. Hay que dosificarlos para evitar bloquear.
 
Detalle trasero de la XT y la Freewind.
Como que la prueba se realizó en asfalto, en una zona con curvas y un firme correcto, la cosa invitaba a apretar en curvas, pero esto no era recomendable, ya que la moto montaba ruedas de tacos y no hay nada más bochornoso que en una prueba, con el propietario de la moto delante, besar el suelo por pasarse de frenada. En cualquier caso, la moto se comportó de forma encomiable, acelerando con ganas cuando se le pedía, reteniendo de forma contundente, con unas suspensiones que se adaptaban perfectamente a la carretera sin flaneos ni extraños de ningún tipo y muy cómoda.  

Pero para mi desgracia, (mi dicha no podía ser completa), además del tema de la altura que comenté antes (me las vi y desee para mover la moto en parado sin bajarme de ella), el peso del conjunto también me fastidió. En este punto, por otro lado, poco se puede hacer, puesto que ya se le había rebajado el peso todo lo posible, y a pesar de ello, seguía notando demasiados kilos a la moto  y lo que es peor aún, con un centro de gravedad muy alto. De hecho, en algún momento, me recordó a la BMW 1200 Gs. Este tema, la verdad me hace reconsiderar sobre la posibilidad de tenerla o no. Hablamos de una moto destinada a sustituir la Freewind, una moto para todo, y si, con esta “todo-uso”, voy a sufrir para superar un bordillo o para hacer un cambio de sentido en parado, mal vamos.

Este tema del peso es el principal hándicap que encuentro puesto que por todo lo demás, es una moto notable, buen motor, buena parte ciclo, bien equipada, etc. La altura, aunque excesiva a priori, es algo que se puede solucionar, bien usando bieletas, bien rebajando la altura del asiento. Pero vuelvo a insistir, el peso me parece demasiado elevado, o como mínimo, mal repartido, muy arriba y eso, al menos en mi caso, es un problema en la conducción off-road.

Así, pues, ha quedado la cosa, tres motos probadas pero ninguna conclusión en firme sobre que decisión tomar. Antes de probarlas, la decisión, parecía inclinarse a favor de vender la Freewind y adquirir la XT, como moto única, la decisión más económica y la menos “traumática”, pero ahora no tengo tan claro que hacer y valoro positivamente el mantener dos motos de carácter bien diferenciado.
 
 
Aún quedan cosas por disfrutar a lomos de la Suzuki!!!

¿Qué decisión acabaré tomando? Seguiré deshojando la margarita!!
Saludos!!

Pd. a fecha de hoy, sí que he tomado una decisión, y es que no vendo la Freewind. Si la complemento o no, es otro tema, pero la Susi aún tiene cosas que aportar.



miércoles, 8 de mayo de 2013

Otro más que va de camino a Túnez!!

Hola a todos!!

como dice el título de la entrada, pues tenemos a otro más de camino a Túnez, en este caso se trata de Vicente Jíménez, al que podeis seguir en el estupendo blog www.noimportaeldestinosinoelcamino.com, totalmente recomendable.

La Super Teneré de Vicente en Marruecos.

La particularidad de este viaje es que lo hace en solitario con una "pequeña" Yamaha Super Teneré. Sin duda, una gran aventura y aprovecho para desearle mucha suerte en el viaje y, lo que es fundamental, que lo disfrute mucho!!!

Saludos!!