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viernes, 25 de enero de 2013

Las pequeñas grandes trails.



Hola a todos!

Es bien conocido ese dicho que asevera que "ande o no ande, burro grande" especialmente en el mundo de la moto y en estas latitudes, parece que lo aplicamos a rajatabla llegando a extremos como el que se compra una mega-maxi-trail para ir a currar a 10 Km de su casa o para ir comprar el pan los domingos por la mañana.. porque claro, ir con una moto pequeña, es de "pobres".

Lo de la motos "lógicas" monocilíndricas y de pocos centímetros cúbicos (entre 200 y 300), parece que nos suene a chino. A pesar de ello, podemos encontrar algunos modelos muy interesantes en este segmento del mercado (aunque menos de las que personalmente me gustaría), y es que en situaciones económicas como la actual, el tema monetario no permite muchas alegrías y prima lo práctico sobre lo puramente estético y el derroche en general.


Dentro del grupo de las motos trail encontramos tres ejemplos de lo que serían esta moto lógica, válida un poco para todo pero sin encasillarse en nada en particular. Los modelos en cuestión son la Yamaha WR250R, la Kawasaki KLX 250 y la nueva Honda CRF 250 L. Tres motos muy similares entre si y que derivan de modelos de enduro que, con el tiempo y la adicción de elementos en pro del confort del piloto y de la marcha, se han "amansado". Destinadas tanto al joven que se inicia en el mundo de la moto, bien sea en plan trail o incluso enduro, como para aquellos veteran@s  que están de vuelta de todo y que ya saben que necesitan.

He seleccionado estas tres motos, pero hay más que podíamos considerar como "trails pequeñas", pero por concepto o cilindrada, no las incluyo, como podía ser el caso de la Rieju Tango 250 o la Beta Alp 200, que quizás habría que encuadrarlas como "trial-excursión", además que tienen unas prestaciones claramente inferiores. Hablo siempre de motos nuevas, puesto que hace unos años, si algo había, era motos de estas cilindradas.

De las tres, la más cercana a una moto de enduro, y por tanto, un poco más radical y agresiva es la WR 250. Es muy alta, potente y de líneas agresivas. Es la que menos se diferencia de su hermana endurera. También es la más cara de las tres con diferencia, pero bien es cierto que lleva unos componentes de primera línea, con unos frenos excelentes y unas suspensiones altamente probadas, superiores a las de sus rivales. No obstante, parece que Yamaha juega un poco al gato y el ratón con este modelo, pues ahora lo descataloga, ahora vuelve a aparecer en el listado de modelos, ahora lo promociona y más tarde parece que se olvidan de él. En mi opinión, esta moto se había de "civilizar" un poco más para poder permitir que más usuarios se interesen por ella, ya que parece orientada sólo a practicantes de enduro, y para hacer enduro puro y duro, mejor la versión F, más ligera, con aún mejores frenos y suspensiones y con una entrega de potencia más agresiva.





La Kawasaki KLX es la menos potente de las tres, no obstante, es la que más modificaciones  permite que, (a tenor de los que comentan sus propietarios en el foro específico de 2y4t.com), partiendo de una base excelente, podamos tener una trail más ciudadana y amable, o por el contrario, endurizarla para convertirla en una auténtica cabra montesa. Estéticamente la encuentro preciosa, con unos colores muy acertados y algunos detalles muy interesantes. De hecho, recuerda a las antiguas KLX 650, y es que es la más "clásica" de las tres, aunque dicho aspecto clásico desaparece cuando nos fijamos en su agresivo y futurista frontal. La KLX es la única que he podido probar personalmente y debo decir que me gustó muchísimo. Es muy ligera, mucho más de lo que su peso puede indicar, estrecha, lo que hace que se llegue muy bien al suelo y tiene unos bajos muy buenos, lo que permite tener mucha tracción, algo genial cuando vas por tierra. Tambien tiene un embrague fantástico, que parece que las marchas se engranen solas, sin saltos ni escalones. Por otro lado, la política de precios de Kawasaki es muy competitiva. Unas suspensiones totalmente regulables tanto en la parte delantera como en la trasera ponen la guinda al pastel.




La novedad de este año es la Honda CRF 250 L. Derivada, al igual que sus rivales, de una moto de enduro de probada eficacia, ha vuelto a poner a Honda en la senda de la moto trail "lógica" apartandola de sus nuevos "Crossover's". Viendo sus especificaciones y los comentarios que hacen los probadores de la misma, parece ser el rival a batir especialmente para la KLX (no tanto para WR, ya que, por decirlo de una manera, la de Yamaha juega en una liga paralela). De las tres es la más pesada y la que tiene unas suspensiones más sencillas, pero no por ello menos eficaces. Por otro lado, es la más estable en carretera, la más bajita de asiento (sin perder por ello altura libre al suelo), y la que presume de un menor consumo de combustible, puesto que anuncian autonomías cercanas a los 200 Km con solo 7,7 litros de depósito. Al ser una moto nueva, todavía no hay demasiada información de sobre su fiabilidad o posibles mejoras, pero tratándose de una Honda, es de suponer que no haya demasiadas dudas al respecto. El precio, para variar hablando de la marca del ala dorada, es el más bajo de las tres. Un punto a favor.




Como digo, tres motos distintas pero muy parecidas al mismo tiempo, especialmente la Honda y la Kawa. Sencillas, ligeras, limpias y de un mantenimiento reducido, y al mismo tiempo, con la suficiente dosis de tecnología para aportar unas prestaciones suficientemente dignas tanto en campo (siempre que no quieras hacer enduro), carretera (siempre que no quieras ir a cruceros de 120 durante horas) o ciudad (siempre que no encuentres imprescindible ir sentado en la "butaca" de una scooter). La Yamaha, por su particular diseño y prestaciones, además de su mayor altura, se desenvuelve perfectamente por todos lo entornos, pero quizás la disfruten más pilotos más altos o amantes de sensaciones más fuertes. En cualquier caso, motos para todos los públicos y para todas las circunstancias.

Os dejo un cuadro con los principales datos comparativos de los tres modelos.

Os dejo también un par de comparativas que he encontrado por la red. En una de ellas se habla de la Rieju Tango, que como decía, no la encuadraría del todo en la misma categoría que las otras tres. Tambien pongo un enlace de un interesante debate al respecto que hubo en motostrail.com.


La cuestión es, ¿tendran salida este tipo de moto? Pues no se. Como comentaba al principio, parece que si cambiamos de moto, ha de ser por una mayor aunque después no aprovechemos ni un 10% de su potencial. Yo mismo soy poseedor de una trail de media cilindrada, una Suzuki Freewind, y a pesar que es una moto que me satisface ampliamente, si he de cambiar de moto por las circunstancias que sean, no os engaño si os digo que estas monocilindricas son las que más me atraen como futura montura.

Saludos!!!

Ps. Edito esta entrada a fecha 19/03/2013 para colgar esta nueva comparativa que he encontrado en una web americana. Una salvedad, los datos que dan de la KLX no sirven para la que se vende en Europa, ya que las de aquí, van con inyección mientras que la que se comercializa en América, van carburadas. Hay que comentar también que los "probadores" de las motos no son pilotos "profesionales" y su punto de vista es el de un novato en lo de llevar moto por campo, un dato a tener en cuenta..



 


miércoles, 23 de enero de 2013

Castilla 2008

Hola a todos!

El verano del 2008, a raíz de unos problemas personales, me lié la manta a la cabeza y realicé mi primer viaje en moto. Era algo que tenía pendiente y que me atraía mucho. Así que, en cuestión de un par de días, sin casi haberlo preparado, me monté en la moto sin tener muy claro donde iría.

La compañera de viaje fue la Honda CB 250 Two Fifty que tenía entonces. Una moto muy cómoda para el día a día, pero no tanto para hacer grandes distancias por carretera abierta. Por otro lado, no sabía ni como había de preparar la moto, de distribuir la carga, que había y que no había de llevar a cuestas, y todo eso comportó que llevase más equipaje del necesario y distribuido de una manera poco eficaz (y dolorosa para mi espalda) como fue el llevar una mochila de las de montaña. El resto del equipaje fue en una bolsa de depósito.

Lo único que tenía claro era el primer punto de destino, que sería Madrid. Allí reside mi amigo Ramon, quien actuó de confidente y de cicerón. Una abraçada molt forta Ramon. Así pues, el 23 de agosto me puse en marcha bien temprano. No en vano, el escaso crucero que podía sostener con la CB, hacía que las jornadas en carretera fuesen muy largas y pesadas. Lo máximo que había montado sobre la moto, eran 150 Km de un tirón, pues imaginad que largos que se hicieron los 600 Km hasta Madrid!! Cuando llegué, ya anocheciendo, no me sentía ni el trasero ni las muñecas. Suerte de la hospitalidad de Ramon y Susana y del reconfortante sueño que me pegué.

La CB con toda la carga.

Y es que el hombre no vive del aire...

Esta era la perspectiva que tenía por delante.

A la mañana siguiente, con Ramon como guía improvisado, anduvimos por el centro de Madrid, admirando su muchos edificios y espacios monumentales, visitando el Barrio de las Letras, entrando en sus museos y por encima de todo, disfrutando de la compañía que siempre ofrece un buen amigo. Además, este día de descanso sirvió para recuperar fuerzas y para planificar mínimamente la próxima etapa del viaje, que decidí que fuese la provincia de Burgos. En Aranda de Duero tengo un buen amigo, Juan Luis, y tenía pendiente realizar una visita para verle, así que la elección del camino fue sencilla.
Aprovechando las sombras en el Paseo del Prado

El museo Reina Sofía.

Jardín vertical.

Velázquez frente al Museo del Prado.

Me puse en ruta, esta vez hacia el norte, y, aconsejado por Susana, la pareja de Ramon, decidí intentar seguir las carreteras secundarias que iban en dirección Burgos, evitando la autovía. De esta manera pude admirar la Sierra de Madrid, un gran pulmón verde que rodea la capital. Como no había prisa, fui haciendo escalas en Buitrago de Lozoya, en Sepúlveda, ya en la provincia de Segovia, donde pude ver las Hoces del rio Duratón, me adentré por caminos rurales que llevaban a ninguna parte.. No obstante, recuperé el camino y por la tarde llegaba a Aranda. Esa tarde-noche, conocí los rincones de Aranda de Duero y aprovechamos para, parapetados tras una buena mesa y un aún mejor vino de la Ribera del Duero, ponernos al día de nuestras vidas.

Con la pequeña en ruta.
 
La sierra de Madrid.

Autoretrato.

Buitrago de Lozoya

Entrando en la provincia de Segovia.
 
Interminable campo de girasoles.

¿Donde llevaría este camino?
 
Saliéndonos del camino.

Sepúlveda

Las Hoces del Duratón.

Otra perspectiva de Las Hoces del Duratón.

Al día siguiente, bien temprano puesto que era un martes y que para mi anfitrión era un día laborable, me subí en la moto, esta vez sin bártulos, y me dirigí a la capital, Burgos con la intención de visitar principalmente su Catedral y casco antiguo, y debo decir que la visita no me defraudó en absoluto. Es encomiable el trabajo de mantenimiento y el amor que tienen los habitantes de Burgos con sus monumentos. Después de comer y reposar un poco, salí del centro, hacia la Cartuja de Miraflores, una obra clave de final del Gótico. De regreso a Aranda, hice un parada en Lerma, y es que merece la pena detenerse para ver la grandiosidad de su Plaza Mayor o acercarse al mirador que da acceso a la Sierra de la Demanda.

Panorámica del casco antiguo de Burgos.
La impresionante Catedral de Burgos.

Detalle del los arcos de la Catedral.
 

Monumento al Cid.
La Cartuja de Miraflores.

El sepulcro del Rey Juan II de Castilla e Isabel de Portugal.
Plaza mayor de Lerma

La Sierra de la Demanda.

Por la mañana, otra vez bien temprano, me despedí de Juan Luis y me puse en ruta, en dirección a Soria. Me apetecía acercarme a la zona del Moncayo y, de paso, iba quedando más cerca de casa. Después de  breves parada en San Esteban de Gormaz, o en El Burgo de Osma, seguí avanzando. A decir verdad, desconozco que carretera tomé, puesto que entonces no disponía más que de un viejo mapa de carreteras, totalmente desfasado y, en múltiples ocasiones, me perdí y tomé desvíos erróneos al entrar en algún pueblecito, aunque la verdad, eso no era más que un reflejo del embrollo de cosas que tenía en la cabeza en ese momento. Al final, encontré de nuevo el camino y llegué a Soria, esa tierra que tanto glosó Antonio Machado. Y con razón, puesto que tanto el paisaje, como las sensaciones que tuve en esa ciudad se podían recoger en una palabra: acogedora. Cogí una habitación en una hotel rural, a las afueras y aproveché para descansar y reflexionar. Por la tarde salí a pasear por la ciudad y a integrarme en ella.


Panorámica de San Esteban de Gormaz
Iglesia románica de San Esteban.

La meseta castellana.

Soledad.

Catedral de Burgo de Osma
 
Rio Ucero, en el Burgo de Osma
La siguiente jornada, otra vez para variar, me puse a conducir temprano, en dirección a Calatayud. Previamente, me desvié hacia las ruinas de Numancia. Siempre me han atraido la historia y el mundo romano, así que no podía dejar pasar la ocasión de acercarme. Posteriormente y para variar, tomé carreteras no ya secundarias, sino cuaternarias por lo menos. Los paisajes eran lunares y en todo el trayecto no recuerdo cruzarme con nadie. Recuerdo que llegué al mediodía y, justo después de localizar una pensión barata, encontré una pizzería en la que me hicieron un Provolone al horno digno de admirar. Por la tarde, siesta, paseito vespertino, alguna cerveza en el Paseo y a dormir. A diferencia de Burgos o Soria, Calatayud no parecía un lugar en que sus habitantes se encontrasen a gusto. Su centro histórico estaba muy dejado y pese a ser un importante cruce de caminos, no lo parecía en absoluto, de hecho, parecía una pequeña ciudad sumida de un lenta agonía. No se, igual mi estado de ánimo no era el más adecuado. El tema es que una vez descansado y desayunado, puse los pies en polvorosa camino, ahora si, de casa.


Esto es lo que veia desde el hotel de Soria.
 
La acogedora habitación.
Alameda de Cervantes, en Soria.

Fachada de Santo Domingo (Soria).

Monumento en las ruinas de Numancia.

Reconstrucción parcial de la ciudad romana que se hizo sobre las ruinas del poblado celtíbero.


La Torre de Santa María en Calatayud.
Había disfrutado del placer de viajar en moto, de sus cosas buenas, así como de sus sinsabores. Había tenido tiempo para reflexionar, aunque sin sacar demasiado en claro. También había aprendido algunas lecciones de cara a futuros viajes moteros, que llevar encima y que no, como distribuir la carga, como planificar los kilómetros a recorrer, etc.

Finalmente, me había convertido en un viajero, a muy pequeña escala, pero un viajero al fin.

Aires de libertad a lomos de la CB.