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miércoles, 23 de enero de 2013

Castilla 2008

Hola a todos!

El verano del 2008, a raíz de unos problemas personales, me lié la manta a la cabeza y realicé mi primer viaje en moto. Era algo que tenía pendiente y que me atraía mucho. Así que, en cuestión de un par de días, sin casi haberlo preparado, me monté en la moto sin tener muy claro donde iría.

La compañera de viaje fue la Honda CB 250 Two Fifty que tenía entonces. Una moto muy cómoda para el día a día, pero no tanto para hacer grandes distancias por carretera abierta. Por otro lado, no sabía ni como había de preparar la moto, de distribuir la carga, que había y que no había de llevar a cuestas, y todo eso comportó que llevase más equipaje del necesario y distribuido de una manera poco eficaz (y dolorosa para mi espalda) como fue el llevar una mochila de las de montaña. El resto del equipaje fue en una bolsa de depósito.

Lo único que tenía claro era el primer punto de destino, que sería Madrid. Allí reside mi amigo Ramon, quien actuó de confidente y de cicerón. Una abraçada molt forta Ramon. Así pues, el 23 de agosto me puse en marcha bien temprano. No en vano, el escaso crucero que podía sostener con la CB, hacía que las jornadas en carretera fuesen muy largas y pesadas. Lo máximo que había montado sobre la moto, eran 150 Km de un tirón, pues imaginad que largos que se hicieron los 600 Km hasta Madrid!! Cuando llegué, ya anocheciendo, no me sentía ni el trasero ni las muñecas. Suerte de la hospitalidad de Ramon y Susana y del reconfortante sueño que me pegué.

La CB con toda la carga.

Y es que el hombre no vive del aire...

Esta era la perspectiva que tenía por delante.

A la mañana siguiente, con Ramon como guía improvisado, anduvimos por el centro de Madrid, admirando su muchos edificios y espacios monumentales, visitando el Barrio de las Letras, entrando en sus museos y por encima de todo, disfrutando de la compañía que siempre ofrece un buen amigo. Además, este día de descanso sirvió para recuperar fuerzas y para planificar mínimamente la próxima etapa del viaje, que decidí que fuese la provincia de Burgos. En Aranda de Duero tengo un buen amigo, Juan Luis, y tenía pendiente realizar una visita para verle, así que la elección del camino fue sencilla.
Aprovechando las sombras en el Paseo del Prado

El museo Reina Sofía.

Jardín vertical.

Velázquez frente al Museo del Prado.

Me puse en ruta, esta vez hacia el norte, y, aconsejado por Susana, la pareja de Ramon, decidí intentar seguir las carreteras secundarias que iban en dirección Burgos, evitando la autovía. De esta manera pude admirar la Sierra de Madrid, un gran pulmón verde que rodea la capital. Como no había prisa, fui haciendo escalas en Buitrago de Lozoya, en Sepúlveda, ya en la provincia de Segovia, donde pude ver las Hoces del rio Duratón, me adentré por caminos rurales que llevaban a ninguna parte.. No obstante, recuperé el camino y por la tarde llegaba a Aranda. Esa tarde-noche, conocí los rincones de Aranda de Duero y aprovechamos para, parapetados tras una buena mesa y un aún mejor vino de la Ribera del Duero, ponernos al día de nuestras vidas.

Con la pequeña en ruta.
 
La sierra de Madrid.

Autoretrato.

Buitrago de Lozoya

Entrando en la provincia de Segovia.
 
Interminable campo de girasoles.

¿Donde llevaría este camino?
 
Saliéndonos del camino.

Sepúlveda

Las Hoces del Duratón.

Otra perspectiva de Las Hoces del Duratón.

Al día siguiente, bien temprano puesto que era un martes y que para mi anfitrión era un día laborable, me subí en la moto, esta vez sin bártulos, y me dirigí a la capital, Burgos con la intención de visitar principalmente su Catedral y casco antiguo, y debo decir que la visita no me defraudó en absoluto. Es encomiable el trabajo de mantenimiento y el amor que tienen los habitantes de Burgos con sus monumentos. Después de comer y reposar un poco, salí del centro, hacia la Cartuja de Miraflores, una obra clave de final del Gótico. De regreso a Aranda, hice un parada en Lerma, y es que merece la pena detenerse para ver la grandiosidad de su Plaza Mayor o acercarse al mirador que da acceso a la Sierra de la Demanda.

Panorámica del casco antiguo de Burgos.
La impresionante Catedral de Burgos.

Detalle del los arcos de la Catedral.
 

Monumento al Cid.
La Cartuja de Miraflores.

El sepulcro del Rey Juan II de Castilla e Isabel de Portugal.
Plaza mayor de Lerma

La Sierra de la Demanda.

Por la mañana, otra vez bien temprano, me despedí de Juan Luis y me puse en ruta, en dirección a Soria. Me apetecía acercarme a la zona del Moncayo y, de paso, iba quedando más cerca de casa. Después de  breves parada en San Esteban de Gormaz, o en El Burgo de Osma, seguí avanzando. A decir verdad, desconozco que carretera tomé, puesto que entonces no disponía más que de un viejo mapa de carreteras, totalmente desfasado y, en múltiples ocasiones, me perdí y tomé desvíos erróneos al entrar en algún pueblecito, aunque la verdad, eso no era más que un reflejo del embrollo de cosas que tenía en la cabeza en ese momento. Al final, encontré de nuevo el camino y llegué a Soria, esa tierra que tanto glosó Antonio Machado. Y con razón, puesto que tanto el paisaje, como las sensaciones que tuve en esa ciudad se podían recoger en una palabra: acogedora. Cogí una habitación en una hotel rural, a las afueras y aproveché para descansar y reflexionar. Por la tarde salí a pasear por la ciudad y a integrarme en ella.


Panorámica de San Esteban de Gormaz
Iglesia románica de San Esteban.

La meseta castellana.

Soledad.

Catedral de Burgo de Osma
 
Rio Ucero, en el Burgo de Osma
La siguiente jornada, otra vez para variar, me puse a conducir temprano, en dirección a Calatayud. Previamente, me desvié hacia las ruinas de Numancia. Siempre me han atraido la historia y el mundo romano, así que no podía dejar pasar la ocasión de acercarme. Posteriormente y para variar, tomé carreteras no ya secundarias, sino cuaternarias por lo menos. Los paisajes eran lunares y en todo el trayecto no recuerdo cruzarme con nadie. Recuerdo que llegué al mediodía y, justo después de localizar una pensión barata, encontré una pizzería en la que me hicieron un Provolone al horno digno de admirar. Por la tarde, siesta, paseito vespertino, alguna cerveza en el Paseo y a dormir. A diferencia de Burgos o Soria, Calatayud no parecía un lugar en que sus habitantes se encontrasen a gusto. Su centro histórico estaba muy dejado y pese a ser un importante cruce de caminos, no lo parecía en absoluto, de hecho, parecía una pequeña ciudad sumida de un lenta agonía. No se, igual mi estado de ánimo no era el más adecuado. El tema es que una vez descansado y desayunado, puse los pies en polvorosa camino, ahora si, de casa.


Esto es lo que veia desde el hotel de Soria.
 
La acogedora habitación.
Alameda de Cervantes, en Soria.

Fachada de Santo Domingo (Soria).

Monumento en las ruinas de Numancia.

Reconstrucción parcial de la ciudad romana que se hizo sobre las ruinas del poblado celtíbero.


La Torre de Santa María en Calatayud.
Había disfrutado del placer de viajar en moto, de sus cosas buenas, así como de sus sinsabores. Había tenido tiempo para reflexionar, aunque sin sacar demasiado en claro. También había aprendido algunas lecciones de cara a futuros viajes moteros, que llevar encima y que no, como distribuir la carga, como planificar los kilómetros a recorrer, etc.

Finalmente, me había convertido en un viajero, a muy pequeña escala, pero un viajero al fin.

Aires de libertad a lomos de la CB.

2 comentarios:

  1. Saludos!!

    Muy interesante esta ruta! Al final, ¿cuantos días duró? Y otra cuestión, tienes el detalle, ¿un mapa un poco más detallado del camino que seguiste? Me gustaria plantearme un viaje con moto trail por la parte de entre Soria y Calatayud.

    Saludos!

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  2. Gracias Anónimo!

    Pues la ruta completa duró unos 7 días, de sábado a sábado si no recuerdo mal. Pues no te puedo dar mucho detalle de la ruta porque entonces no llevaba GPS y lo unico que llevaba era un viejo mapa de carreteras sin apenas detalles, solo las vías principales y me guié más por instinto que por otra cosa. La verdad es que, tanto por la cantidad de pistas que había, como por el mal estado de algunas carreteras secundarias, en una trail es como más hubiese disfrutado de este viaje.

    Suerte con el viaje!!

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